miércoles, 17 de agosto de 2011


Hume, Pirrón, Carnéades, Sexto Empírico.[1]
 Profesor Martín Irisarri.

            Estas líneas tienen por propósito reactualizar una lectura que, por la profundidad de los análisis que ha merecido y por la profusión de los mismos, deja márgenes escasos para la novedad; esto es la determinación del tipo de escepticismo sostenido por Hume y los grados de cercanía o lejanía de las formas que esta posición asumió en la antigüedad: escepticismo pirrónico o radical y/o escepticismo mitigado, académico o probabilístico. La lectura directa de Hume en prueba de sus manifestaciones explícitas al respecto sugiere cierta inclinación del escocés por la segunda de las opciones mencionadas.
Para el siguiente trabajo se deberá dar cuenta de la asunción por parte de Hume de alguna de las formas que puede asumir la posición escéptica, de su rechazo hacia el escepticismo de Pirrón y su adhesión, desde una perspectiva utilitaria, al escepticismo académico, para concluir con la explicitación de algunos matices a una lectura demasiado literal de las posiciones del principal filósofo moderno escéptico, de acuerdo a la determinación de Richard Popkin y otros.
            En la conclusión  del Tratado de la Naturaleza Humana (T), Hume afirma:
“…si somos filósofos, tendremos que serlo únicamente sobre la base de principios escépticos, y por la inclinación que sentimos a emplear nuestra vida de esa forma. Allí donde la razón sea vivaz y se combine con alguna inclinación hay que asentir a ella. Donde no lo sea, no puede tener fuerza alguna para actuar sobre nosotros.[2].
En las Investigaciones sobre el entendimiento humano (I), sostiene:   
Con esto podemos descubrir la razón por la que ningún filósofo, que sea razonable y modesto, ha intentado mostrar la causa última de cualquier operación natural o exponer con claridad la acción de la fuerza que produce cualquier efecto singular en el universo. (…) Pero, en lo que concierne a las causas de estas causas generales, vanamente intentaríamos su descubrimiento, ni podremos satisfacernos jamás con cualquier explicación de ellas. Estas fuentes y principios últimos están vedados a la curiosidad y la investigación humanas.”[3]
La sana inclinación escéptica parece connatural al espíritu filosófico y ambos pasajes muestran la renuencia a admitir aquello que pueda ofrecer dudas o que directamente sea incognoscible. En la cita del Tratado, el criterio de asentimiento se funda en la vivacidad o fuerza con la que la naturaleza se imponga a la impresión, pero esta cancelación del juicio suspendido no devela qué clase de actitud escéptica resulta conveniente.  La cita de las Investigaciones parece guiarse por un doble propósito: por un lado, se explicita el rechazo a concebir el mundo según el esquema causa-efecto con fuerza de necesidad y por el otro se cierra el paso a aquellos sistemas metafísico-dogmáticos proponiendo márgenes de razonabilidad a la empresa investigativa del filósofo.
Antes de considerar las manifestaciones de Hume sobre las formas del escepticismo antiguo trazaré una caracterización del mismo. Es en Pirrón donde se encuentran las notas tradicionales de la postura escéptica como aquella tendencia a descreer de toda afirmación y por tanto de toda posibilidad de conocimiento. Es claro que esta posición no puede ser afirmada en términos generales dado que incurriría en una paradoja. Pirrón, a diferencia de los académicos, evita cualquier afirmación sobre aquello que sea no-evidente. La tendencia natural del hombre a desarrollar actividades de búsqueda crítica y desprejuicida (zétesis) nos conduce a la valoración de los argumentos en pro y en contra de cualquier cuestión como equivalentes (equipolencia-isostheneia) lo que inhabilita a tomar posiciones y conduce a antinomias irresolubles. De ello se sigue la suspensión del juicio (epojé) que posibilita la tranquilidad espiritual (ataraxia). La primera forma de escepticismo está más preocupada por dar una respuesta vital a la crisis del mundo griego que en ofrecer aserciones epistemológicamente válidas. Las críticas de los estoicos, que en cierto modo son asimilables a las de Hume, en torno a la imposibilidad pirrónica de la actividad judicativa harían imposible la vida. A favor de Pirrón cabe distinguir entre la imposibilidad de probar veritativamente nuestras creencias y el hecho de poseerlas como guías para la vida. A estas acusaciones el pirrónico respondería que sólo no asiente respecto de aquello que es no-evidente y que en referencia al mundo de la vida se siguen las costumbres del resto de los hombres. Esto ha llevado al Dr. Junqueira Smith[4] a afirmar que esta primera forma de escepticisimo es una forma de empirismo, aunque más adelante anotaré alguna diferencia en este punto.
Suele atribuirse a Carnéades la afirmación de que: “…no existe absolutamente ningún criterio de verdad…”[5]. Es este aserto el que ha posibilitado a la crítica la idea de que el escepticismo académico no es una genuina forma de esta escuela sino que podría describírselo como una forma dogmática, aunque negativa. Es muy habitual la identificación del pensamiento de Hume y el de Carnéades tomando como referencia común la noción de probabilismo. La posición de Carnéades no es conocida gracias a las Hipotiposis Pirronianas y Contra los matemáticos de Sexto Empírico. Examinaré brevemente esta cuestión. Según Sexto encontramos en Carnéades tres niveles de representación. En el nivel más básico se produce una forma de representación aislada que merecerá confianza en razón de la fuerza y la vivacidad que posea, lo que permite gradientes de probabilidad. En el segundo nivel se someten las representaciones a la comparación para determinar el grado de coherencia que pueden poseer entre si. Este segundo nivel suma a la probabilidad, la irreversibilidad de la creencia, al tiempo que muestra conexión y no aislamiento. En el tercer nivel se somete a escrutinio cada representación a fin de definir la imposibilidad de cualquier sospecha de falsedad. Esta representación aparecerá, de resistir la prueba, como testada.
Veamos que nos dice Hume sobre el pirronismo y sobre los académicos. Rechaza el pirronismo fundado en la convicción de un cierto naturalismo sensitivo:
“Sólo nos salvamos de este escepticismo total en virtud de esa singular y, en apariencia, trivial propiedad de la  fantasía por la que penetramos sólo a costa de gran dificultad en las consideraciones remotas de las cosas, y somos incapaces de hacerlas seguir de una impresión tan intensa como hacemos con las que son más sencillas y naturales.”[6]  
Es precisamente este naturalismo sensitivo que se asume como supuesto, el fundamento último de la posibilidad de conocimiento, así como el acicate para la acción. La preferencia por una forma de escepticismo mitigado es la alternativa teórica del filósofo escocés:
Ciertamente hay una especie más moderada de escepticismo o filosofía académica que puede ser a la vez verdadera y útil y que puede, en parte, ser el resultado de este pirronismo o escepticismo excesivo, cuando el sentido común y la reflexión, en alguna medida, corrigen sus dudas imprecisas.”[7]
Son bien conocidos los impactos de este escepticismo mitigado fundamentalmente en relación a:
la imposibilidad de justificar la conexión necesaria entre nuestras sensaciones, creencias e ideas y el mundo;
la creencia en la continuidad causa-efecto sobre la base de la costumbre y el hábito como condiciones de posibilidad de la vida humana y;
la diferenciación entre sensación y ficción fruto de la mayor fuerza y vivacidad de la primera y que la habilita a dejar una idea más firme en la mente.
El naturalismo sensitivo reseñado no parece mostrarse como una diferencia clara que nos permita ubicar a Hume como pirrónico o académico. Como se afirmaba más arriba, el pirrónico no es quién marcha vacío de creencias sino aquel que descree de lo no-evidente. El gradualismo, distinguiendo las sensaciones de las ficciones de nuestra principal facultad cognitiva (la imaginación), abre la posibilidad del probabilismo como grados de acercamiento estadístico hacia nuestras certezas.
El Dr. Junqueira Smith señala una diferencia sustancial con el pensamiento de Carnéades basado en un problema de traducción del original Phantasía Pithané, como representación probable. Al tiempo que afirma el sentido diverso del concepto de probabilidad en la época del académico, prefiere traducir Pithané por persuasión. Tendríamos de este modo una representación persuasiva y no probable, en el sentido moderno. En este punto puede indicarse la preferencia humeana por la determinación de nuestro conocimiento como relaciones de ideas, base de una de las dos formas de razonamiento que admite (razonamiento demostrativo y razonamiento moral).
Más que establecer una conclusión definitiva, por otra parte imposible en el tiempo asignado, esta ponencia intentó mostrar algunos matices que al menos visibilizan algunas conexiones con aspectos del escepticismo antiguo.
Sea como fuere, el escepticismo de Hume puede valorarse a la luz de un triple aspecto.
El primero es la determinación de los límites de la empresa cognitiva humana. Esta determinante gnoselógica trazará una influencia decisiva en la empresa investigativa posterior, además de configurar todo un criterio meta-filosófico que propone redireccionar la disciplina hacia investigaciones posibles y/o útiles.
En segundo lugar, y no desconectado de lo anterior, el escepticismo de Hume, que también ha merecido el adjetivo de refinado, se presenta como un precepto metodológico para el filósofo jovial y desprejuiciado, que debe ejercer la sospecha sobre aquello que se presente de manera no evidente y solo admitiendo la imposición de la naturaleza a nuestros sentidos y la fuerza y vivacidad como sustento de las sensaciones.  
Por último, hay un aspecto del escepticismo de Hume que, paradójicamente, mueve a la acción y se transforma en determinante axiológica. Las apelaciones al sentido común y a la costumbre así como la dosis terapéutica correcta de escepticismo convierte al sujeto en ciudadano: un tipo de libre-pensador que pone a examen todas las evidencias disponibles aguzando su desconfianza, para contentarse desde la humildad y el sosiego con las apariencias aproximadas de la realidad.






















Bibliografia.
  • Hume, David. Tratado de la Naturaleza Humana, Ed. Folio, Barcelona, 2000.
  • Hume, David. Investigación sobre el Entendimiento Humano,  Alianza Editorial, 1988, Madrid.
  • Junqueira Smith, Plínio, Hume y el escepticisimo antiguo, Signos Filósoficos, vol. IX, núm. 18, julio-diciembre, 2007, pp. 105-126.
  • Maia Neto, José R., La cristianización del pirronismo”, Kluwer Academic Publisher, London, 1995.







































Profesor Martín Irisarri.
Grado 5 del Escalafón docente.
Efectivo en CES.
Interino en CFE.
Dicté clases de:
  • Teoría del Conocimiento y Epistemología, en el núcleo común profesional del Plan 2008.
  • Historia de las Ciencias y Filosofía de las Ciencias del Profesorado de Filosofía.
  • En el presente año tuve a cargo uno de los seminarios específicos de Filosofía para estudiantes de 4º año.




[1] Ponencia presentada en el Coloquio Interdisciplinario ‘La Filosofía de David Hume, a 300 años de su nacimiento, 20, 21, y 22 de Julio de 2011, Montevideo.
[2] Hume, David. Tratado de la Naturaleza Humana, 270, p. 423, Ed. Folio, Barcelona, 2000.
[3] Hume, David. Investigación sobre el Entendimiento Humano, Sec. 4, Parte I, p. 53,  Alianza Editorial, 1988, Madrid.
[4] Junqueira Smith, Plínio, Hume y el escepticisimo antiguo, Signos Filósoficos, vol. IX, núm. 18, julio-diciembre, 2007, pp. 105-126.
[5] Maia Neto, José R., La cristianización del pirronismo”, Kluwer Academic Publisher, London,.1995.
[6] Op. Cit, (T), (268), p. 420.
[7] Op. Cit, (I), (161, Sec. 12, Parte III, p. 176.

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